La historia del fútbol femenino es tan fascinante como resiliente. Es la historia de mujeres que jugaron contra el tiempo, la tradición y las estructuras que intentaron silenciarlas. Es una historia de pasión, lucha y perseverancia. Aunque durante mucho tiempo se mantuvo en las sombras del fútbol masculino, hoy el balompié femenino vive un auge imparable que ha llegado para quedarse.
Desde partidos en campos improvisados hasta estadios repletos de fanáticos, el fútbol femenino ha transitado un camino arduo, con obstáculos culturales, sociales y políticos. Este artículo recorre nueve momentos clave que definieron su evolución y consolidación global.
Tabla de Contenidos
Historia del Fútbol Femenino
1. Primeros registros: mujeres jugando fútbol en el siglo XIX
La historia del fútbol femenino suele contarse como una narrativa reciente, como si las mujeres hubieran descubierto su pasión por el balón hace apenas unas décadas. Sin embargo, esta idea no solo es incorrecta, sino que invisibiliza más de un siglo de prácticas, luchas y resistencias. Los primeros registros documentados de mujeres jugando al fútbol datan de finales del siglo XIX, principalmente en Escocia e Inglaterra, donde ya hacia la década de 1880 se organizaban partidos formales entre equipos femeninos.
Uno de los hitos más relevantes se remonta a 1881, cuando se disputó un partido entre jugadoras escocesas e inglesas que logró captar la atención de una numerosa audiencia. Aquel evento, más allá del resultado en el marcador, evidenció que existía interés por ver a mujeres jugar al fútbol, incluso en un contexto social hostil que consideraba el deporte un terreno exclusivo de los varones. Las crónicas de la época mencionan multitudes que acudían tanto por curiosidad como por genuino entusiasmo deportivo, aunque también abundaban los comentarios sarcásticos y moralizantes.
La práctica del fútbol entre mujeres continuó creciendo a pesar de las adversidades. En muchos casos, las jugadoras se organizaban en clubes informales o disputaban torneos locales sin apoyo oficial ni reconocimiento de las autoridades deportivas. La falta de institucionalidad no impidió que el fútbol femenino echara raíces, aunque lo hizo en condiciones de precariedad y marginación. Fue un deporte que floreció en la periferia, sostenido por el compromiso de quienes decidieron ignorar las burlas y los prejuicios para simplemente jugar.
2. El auge durante la Primera Guerra Mundial: Historia del Fútbol Femenino
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso un punto de inflexión no solo en la geopolítica global, sino también en el papel de las mujeres en distintas esferas de la sociedad, incluido el deporte. Con millones de hombres enviados al frente de batalla, las mujeres comenzaron a ocupar los espacios laborales que estos dejaban vacíos, especialmente en fábricas de municiones, textiles y maquinaria. Fue precisamente en ese nuevo contexto donde el fútbol femenino vivió un auge sin precedentes.
Uno de los casos más emblemáticos fue el del equipo Dick, Kerr’s Ladies, fundado en 1917 en Preston, Inglaterra. Compuesto por trabajadoras de la fábrica Dick, Kerr & Co., este equipo no solo alcanzó altos niveles de popularidad, sino que también rompió récords de asistencia. En 1920, un partido suyo jugado en el estadio Goodison Park congregó a más de 53,000 espectadores, con otros miles que no pudieron ingresar por falta de espacio. Las jugadoras no solo destacaban por su talento técnico y capacidad atlética, sino también por su carisma, sentido del espectáculo y fuerte compromiso social.

Muchas veces, los partidos de estos equipos femeninos eran organizados con fines benéficos. Las jugadoras recaudaban fondos para ayudar a los soldados heridos, a sus familias o a instituciones hospitalarias. Esta combinación de fútbol y solidaridad social fortaleció la conexión emocional con el público, al tiempo que reforzaba el papel activo de las mujeres en una sociedad que, hasta entonces, las había mantenido al margen de las decisiones públicas.
Sin embargo, el éxito de estas mujeres fue visto con recelo por parte de las autoridades deportivas. En diciembre de 1921, la Football Association (FA) decidió prohibir que los equipos femeninos utilizaran estadios oficiales bajo su jurisdicción, aduciendo preocupaciones “médicas” y “morales”. La excusa oficial argumentaba que el fútbol era “demasiado duro” para las mujeres, pero en realidad se trataba de una reacción conservadora frente a la creciente visibilidad y autonomía femenina.
3. La prohibición institucional: un retroceso global
La decisión de la Football Association en 1921 de prohibir el uso de estadios oficiales para partidos de fútbol femenino tuvo efectos devastadores no solo en Inglaterra, sino en gran parte del mundo. Lejos de ser un hecho aislado, esa medida se replicó como un efecto dominó en otros países. Lo que debía haber sido un punto de inflexión hacia la igualdad se convirtió en un retroceso global que marginó al fútbol femenino durante décadas.
Federaciones deportivas en países como Brasil, Argentina, Alemania y Francia siguieron el mismo camino: impusieron restricciones formales o informales al fútbol femenino, prohibiendo su práctica en estadios profesionales, negando licencias oficiales o simplemente ignorando su existencia. En Brasil, por ejemplo, una ley explícita prohibió a las mujeres practicar deportes considerados “inadecuados para su naturaleza”, y el fútbol figuraba entre ellos. Esta legislación permaneció vigente hasta 1979.
Durante casi medio siglo, el fútbol femenino fue empujado hacia los márgenes. Las jugadoras continuaron jugando, pero en la clandestinidad del deporte informal. En potreros, canchas improvisadas, campos rurales o gimnasios escolares, las mujeres siguieron pateando la pelota, muchas veces con recursos mínimos y sin visibilidad alguna. No existían campeonatos oficiales, ni cobertura en los medios, ni formación técnica profesional. Pero existía algo más fuerte: la pasión.
Este período silencioso forjó una identidad única en el fútbol femenino: la del coraje. No había contratos, ni salarios, ni premios. Había amor al juego. En muchos casos, las jugadoras debían ocultar su afición, enfrentarse a la burla, justificar su tiempo libre o incluso enfrentarse a familiares que consideraban que el fútbol no era cosa de mujeres. Aun así, continuaron organizándose, formando clubes independientes, gestionando torneos locales y promoviendo la práctica del deporte entre niñas y adolescentes.
La exclusión institucional tuvo un alto costo. Se perdieron generaciones enteras de talento que nunca llegó a entrenar en condiciones dignas ni a competir en torneos oficiales. Se diluyó la posibilidad de que el fútbol femenino evolucionara a la par que el masculino. Se consolidó, además, una narrativa mediática que perpetuaba la idea de que las mujeres no jugaban —cuando, en realidad, se les impedía jugar.
4. La revolución de los años 70: Historia del Fútbol Femenino
Durante las décadas de 1960 y 1970, el mundo atravesaba transformaciones sociales profundas. En medio del auge de la segunda ola del feminismo, las mujeres alzaban la voz no solo en los espacios tradicionales de la política y la educación, sino también en ámbitos históricamente dominados por los hombres, como el deporte. El fútbol, como símbolo cultural de poder y masculinidad, no fue la excepción. Las mujeres comenzaron a reclamar, con más fuerza que nunca, su lugar legítimo en el campo de juego.
En países como Italia, Francia y México, comenzaron a organizarse ligas femeninas que, si bien no contaban con el reconocimiento oficial de las federaciones nacionales, marcaron un punto de inflexión. Equipos de mujeres salían del anonimato, se entrenaban, competían y, sobre todo, demostraban que el fútbol femenino no solo existía, sino que tenía un futuro vibrante. Este cambio, aunque todavía incipiente, ya era irreversible.

Uno de los momentos más emblemáticos de esta etapa fue el Mundial no oficial de 1971, celebrado en México. A pesar de que no contó con el aval de la FIFA, el evento fue un verdadero fenómeno social. En el Estadio Azteca, más de 100,000 personas asistieron a los partidos, una cifra que no solo impresionó por su magnitud, sino que derribó uno de los grandes mitos: el supuesto desinterés del público por el fútbol femenino. Las tribunas repletas, los cánticos, las banderas, la emoción colectiva —todo indicaba que había un potencial inmenso que había sido ignorado por años.
Este torneo sirvió también como una plataforma de visibilidad para muchas jugadoras que, hasta ese momento, habían sido completamente desconocidas por los medios y las instituciones. Equipos europeos y americanos demostraron un alto nivel técnico y una gran capacidad de convocatoria. Fue una fiesta deportiva, pero también un acto político en el sentido más profundo: las mujeres estaban recuperando, a punta de goles y coraje, los espacios que les habían sido negados.
Ese mismo año, la Football Association (FA) del Reino Unido decidió levantar la prohibición que había impuesto en 1921. La medida no fue una concesión gratuita, sino el resultado de la presión social, del impacto mediático del torneo en México y de una nueva conciencia colectiva que ya no aceptaba el veto institucional como norma. El fútbol femenino empezaba, finalmente, a salir de las sombras.
5. La FIFA se suma: el primer Mundial Femenino (1991)
Después de más de seis décadas de indiferencia, la FIFA —el máximo organismo del fútbol mundial— decidió finalmente dar un paso significativo hacia la inclusión. En 1991, se organizó el primer Mundial Femenino oficial, que tuvo como sede a China. Participaron 12 selecciones nacionales, en un torneo que, aunque modesto en comparación con los eventos masculinos, se convirtió en un punto de inflexión para la historia del deporte femenino.
El campeonato fue ganado por la selección de Estados Unidos, que venció a Noruega en una final disputada con intensidad y técnica. Este título inaugural no solo le dio visibilidad internacional a las jugadoras norteamericanas, sino que también sentó las bases para lo que sería una hegemonía deportiva en las décadas siguientes. Michelle Akers, quien anotó 10 goles en el torneo, y Carin Jennings, reconocida por su velocidad y visión táctica, se consolidaron como referentes de una generación pionera.
Más allá del resultado deportivo, el torneo de 1991 representó una validación simbólica. Por primera vez, las mujeres eran reconocidas por la FIFA como futbolistas de élite, dignas de competir en un campeonato mundial con reglas oficiales, arbitraje internacional y cobertura institucional. Si bien es cierto que la atención mediática fue limitada y los recursos asignados fueron muy inferiores a los de los mundiales masculinos, el evento sirvió como plataforma para la consolidación de futuras competencias.
El éxito organizativo en China también mostró que existía un interés creciente por parte de distintas regiones del mundo. La respuesta del público, las audiencias televisivas y la recepción de los medios superaron las expectativas iniciales. Países como Alemania, Noruega, China y Estados Unidos no solo participaron con entusiasmo, sino que comenzaron a diseñar políticas deportivas más serias para el desarrollo del fútbol femenino.
Desde entonces, el Mundial Femenino ha experimentado un crecimiento sostenido. En cada edición, aumentaron la calidad del juego, la preparación física y táctica de las selecciones, y el interés global. La evolución fue notable: de los 12 equipos iniciales se pasó a 24 en 2015 y 32 en 2023. También se multiplicaron las audiencias, los patrocinios y la inversión en infraestructura. Lo que comenzó como una prueba piloto se convirtió en un fenómeno planetario.
6. Estados Unidos: Historia del Fútbol Femenino
Entre todos los países que han apostado por el desarrollo del fútbol femenino, Estados Unidos destaca como la principal potencia, tanto dentro como fuera de la cancha. No solo es la selección más laureada de la historia —con cuatro Copas del Mundo ganadas en 1991, 1999, 2015 y 2019—, sino que ha sabido combinar su dominio deportivo con una agenda política que ha impactado a nivel global.
El modelo estadounidense de desarrollo se basa en el sistema universitario, donde las mujeres tienen acceso a becas deportivas de alto nivel. Gracias al Título IX, una legislación aprobada en 1972 que prohíbe la discriminación por sexo en programas educativos financiados con fondos federales, miles de jóvenes han podido entrenar, competir y educarse simultáneamente. Este ecosistema ha producido generaciones de atletas de élite, altamente preparadas tanto física como mentalmente.
La selección femenina de Estados Unidos no solo ha brillado por su desempeño deportivo. También ha sido protagonista de una lucha constante por la igualdad salarial y el reconocimiento institucional. Figuras como Megan Rapinoe, Alex Morgan y Hope Solo no se han limitado a marcar goles; han alzado la voz contra la discriminación, la brecha salarial y el sexismo en el deporte. En 2019, el equipo presentó una demanda legal contra la federación de fútbol estadounidense por desigualdad en las condiciones de trabajo y pago respecto a la selección masculina.
Después de años de litigio y presión pública, en 2022 se logró un acuerdo histórico: la US Soccer Federation firmó un contrato que garantiza igualdad de salario, premios y condiciones laborales para ambas selecciones. Este logro, inédito a nivel global, marcó un precedente que otras federaciones comenzaron a seguir, transformando la agenda de género en el fútbol mundial.
7. Europa despierta: profesionalismo y Champions League
Durante años, Europa fue reticente a invertir en el fútbol femenino. Sin embargo, en la última década se ha producido una transformación radical. Clubes como el FC Barcelona, Olympique de Lyon, Chelsea y Wolfsburgo han desarrollado equipos femeninos de élite.
En 2021, el Barcelona Femenino ganó la Champions League y llenó el Camp Nou en varios partidos. En 2022, se batió el récord mundial de asistencia en un partido de clubes femeninos con más de 91,000 espectadores.
UEFA ha impulsado también nuevas regulaciones, derechos televisivos y patrocinios exclusivos para potenciar esta rama del fútbol.
8. Latinoamérica: Historia del Fútbol Femenino
En América Latina, el desarrollo del fútbol femenino ha sido más desigual. A pesar de la pasión popular, las federaciones han tardado en profesionalizar las ligas. No obstante, el talento sobra.
Brasil, con figuras como Marta Vieira da Silva, considerada la mejor jugadora de todos los tiempos, ha sido referente. Argentina, Colombia, Chile y México han dado pasos importantes en la última década, impulsando ligas nacionales, torneos regionales y selecciones competitivas.
Las futbolistas latinoamericanas enfrentan desafíos extra: precariedad, discriminación y falta de infraestructura. Pero aun así, el avance es constante.
9. El presente y futuro del fútbol femenino: un fenómeno en expansión
Hoy, el fútbol femenino vive su mejor momento. Las audiencias televisivas crecen, las marcas invierten, y las niñas tienen ídolas a las que seguir. Eventos como la Eurocopa Femenina, los Juegos Olímpicos y los mundiales generan expectativa global.
Las redes sociales han sido clave para visibilizar historias, denuncias y triunfos. Las jugadoras ya no son solo deportistas: son referentes sociales, feministas, activistas y líderes.
El futuro apunta a más profesionalismo, mejores salarios, mayor cobertura mediática y nuevos mercados en Asia, África y América Latina. La historia del fútbol femenino apenas comienza su capítulo más brillante.

Conclusión: Historia del Fútbol Femenino
La historia del fútbol femenino es una lección de perseverancia. A pesar de la censura, la invisibilización y la desigualdad, miles de mujeres en todo el mundo siguieron jugando, soñando y luchando. Gracias a ellas, hoy el fútbol femenino es sinónimo de talento, espectáculo y justicia.
Reconocer esta historia es no solo hacer justicia, sino también impulsar un futuro donde ninguna niña tenga que pedir permiso para jugar. El balón ya está rodando, y no hay vuelta atrás.
Preguntas frecuentes (FAQ): Historia del Fútbol Femenino
1. ¿Cuándo comenzó el fútbol femenino?
Existen registros de partidos desde finales del siglo XIX en Inglaterra y Escocia. Sin embargo, su desarrollo ha sido intermitente por las prohibiciones institucionales.
2. ¿Por qué fue prohibido el fútbol femenino en muchos países?
Durante el siglo XX se consideraba que el deporte era inapropiado para mujeres por prejuicios sociales, médicos y culturales. Muchas federaciones lo prohibieron hasta los años 70.
3. ¿Cuál fue el primer Mundial Femenino oficial?
Fue en 1991, organizado por la FIFA en China. Estados Unidos se coronó como el primer campeón.
4. ¿Quién es la mejor jugadora de fútbol femenino?: Historia del Fútbol Femenino
Marta (Brasil) es una de las más reconocidas, con seis premios FIFA a la mejor jugadora del mundo y más goles en mundiales que cualquier otro jugador, hombre o mujer.
5. ¿Cuáles son los desafíos actuales del fútbol femenino?
Desigualdad salarial, falta de inversión, cobertura mediática limitada y precariedad en ligas locales. Sin embargo, la tendencia mundial apunta a mejoras sostenidas.
Enlaces relacionados: Historia del Fútbol Femenino
- FIFA – Fútbol femenino: historia y desarrollo
- BBC – La lucha de las futbolistas por la igualdad
- ONU Mujeres – El poder del deporte para la igualdad de género
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